Conversaciones a tres voces sobre el feminismo comunitario de Guerrero

Recepción: 22 de octubre de 2018

Aceptación: 29 de agosto de 2019

Hace mucho tiempo que en nuestros territorios de Abya Yala y en otros, a las mujeres que han luchado contra el patriarcado que nos oprime se les veía como incómodas para el sistema. Nuestras abuelas no sólo resistieron, sino también propusieron e hicieron de sus vidas y sus cuerpos autonomías peligrosas para los incas y mallkus patriarcales. No escribieron libros, pero escribieron en la vida cotidiana que hoy podemos intuir sobre lo que queda después de tantas invasiones coloniales. Ojos abiertos que ya no se pueden cerrar porque sería una deslealtad con nosotras mismas, con nuestras hermanas y nuestras ancestras.

Julieta Paredes y la Comunidad de Mujeres Creando Comunidad (2014:37).

Desde tierras bolivianas, la propuesta del feminismo comunitario planteada por Julieta Paredes y la Comunidad de Mujeres Creando Comunidad (2014)1 se ha ido extendiendo y encontrando resonancias en múltiples colectivos, en procesos organizativos de mujeres no sólo en ámbitos indígenas, rurales o comunitarios, sino también en grupos de reflexión urbanos, populares, de estudiantes e investigadoras, y en general en el interior de diversos sectores que, en diálogo con esta propuesta, se autorreconocen como feministas comunitarias. Uno de los lugares donde ha encontrado eco es en el estado de Guerrero, al sur de México. Desde las regiones de la Montaña, la Costa Chica y la zona Centro, mujeres indígenas y afromexicanas han empezado desde hace varios años a nombrarse a sí mismas como “feministas comunitarias”. En diversas ocasiones han podido compartir espacios de reflexión con Julieta Paredes en sus comunidades, articulando este diálogo con sus propias búsquedas, procesos organizativos locales y construcciones colectivas sobre el papel de las mujeres en los espacios comunitarios de los cuales ellas son parte.

La Costa Chica de Guerrero es una región llena de historias de lucha y procesos organizativos comunitarios desde hace muchísimas décadas. A los conflictos guerrilleros de los años 60, encabezados por Genaro Vásquez, se suman experiencias posteriores de organizaciones productoras de café, la Policía Comunitaria, junto con la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (crac), y más recientemente la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (upoeg). Las mujeres han sido parte fundamental de estos movimientos, construyendo tanto dentro de las organizaciones mixtas como en sus propios espacios de reflexión y fortalecimiento. Destacan, entre otras, la red de promotoras de justicia y las coordinadoras regionales dentro de la Policía Comunitaria, la Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo (cami), las participantes en las mesas de trabajo de mujeres en los encuentros de la crac, y más recientemente la red de feministas comunitarias que tiene presencia en la Costa, la Montaña y la región Centro del estado de Guerrero.

Durante muchos años he trabajado en algunos municipios de la Costa Chica impulsando temas de salud sexual y reproductiva, género y derechos de las mujeres, e igualmente acompañando algunos procesos organizativos de parteras y promotoras de salud en la región, desde un doble lugar de activista y académica. Ello me ha permitido observar muchos de estos procesos locales en los cuales las mujeres Na Saavi, Me´phaa, Ñomndaá y las afromexicanas han estado vinculadas de manera activa, impulsando la participación de las mujeres en los espacios comunitarios tradicionales, siempre con mucha fuerza, pero al mismo tiempo enfrentando dificultades para abrir estas nuevas brechas.

En julio de 2018, mientras realizaba trabajo de campo en la Costa Chica-Montaña de Guerrero, una de las Me´phaa, integrante de la cami, organización con la cual estaba, me invitó a acompañarla a una reunión de las feministas comunitarias de Guerrero, que se realizaría en otro municipio cercano. La invitación me encantó, porque si bien había oído hablar mucho sobre “las del feminismo comunitario” como algunas veces son nombradas por las compañeras de la región, sólo una vez habíamos logrado coincidir, y tenía enorme curiosidad por conocer un poco más de ellas, pues varias de las compañeras líderes y promotoras de salud con quienes colaboro habían participado antes en diversos espacios organizados por este grupo de feministas.

A lo largo de los días que duró el encuentro sólo pudo ir aumentando mi profundo reconocimiento hacia el trabajo que realizan, y me asomé paulatinamente a la complejidad de sus historias en cada región. En la reconstrucción de sus rutas aparecían momentos de logros importantes que colectivamente habían tenido, espacios de fuerza cuando se juntaban cada cierto tiempo, momentos de tensión en los cuales habían experimentado cuestionamientos o abierto rechazo por parte de sus comunidades y de otros grupos de feministas; historias contadas a muchas voces sobre los materiales de difusión que habían producido para compartir su pensamiento. También emergían las voces de mujeres más jóvenes que eran sus propias hijas y narraban en sus palabras lo que para ellas estaba significando el feminismo comunitario. Todo ello se tejió durante dos días, colocando la palabra junto al mar, garantizando zonas de cuidado colectivo para los hijos e hijas pequeños que les acompañaban, propiciando espacios de cuidado entre sí por las noches, incluyendo el de la terapéutica risa.

Al regresar a nuestro lugar, después de finalizado el encuentro, conversamos con dos compañeras de la región de la Montaña que habían estado presentes respecto de lo que en su experiencia como mujeres indígenas de Guerrero significaba ser feministas comunitarias. En medio de un café mañanero lleno de muchas risas, se fueron tejiendo preguntas, respuestas y reflexiones conjuntas acerca de lo que ello significaba.

A continuación se presentan algunos fragmentos de ese diálogo entre dos mujeres Me´phaa, feministas comunitarias de la montaña de Guerrero, y una antropóloga feminista interesada en comprender mejor esta propuesta. Tranquilina Morales, promotora comunitaria de salud, integrante de la Casa de la Mujer Indígena Nellys Palomo, y actualmente estudiante de partería en la escuela de partería profesional de Tlapa, junto con María del Carmen Mejía, profesora desde hace varios años en una escuela primaria de la región, y ambas líderes locales, son las protagonistas de esta entrevista. No se trata de “las voceras” ni de una posición “oficial” sobre lo que es el feminismo comunitario, sino de lo que para ellas significa esta propuesta en sus vidas y cómo se relaciona con su propia identidad.

“Las mujeres somos la mitad de cada pueblo”. Pensando en el feminismo comunitario…

Esta frase que da principio al libro de Hilando fino (Paredes et al., 2014), fue pronunciada en múltiples ocasiones por las participantes en el encuentro. Resaltaba como uno de los puntos claves de confluencia entre lo que desde Bolivia se propone como apuesta política del feminismo comunitario, y su experiencia de lucha en el espacio de cada pueblo para que ello se reconozca. La pregunta que dio inicio a nuestra conversación fue justamente esa: ¿Para ustedes qué es el feminismo comunitario?

Carmen: En lo particular, para mí el feminismo comunitario es el trabajar con hombres y con mujeres, donde exista equidad, porque a veces nos equivocamos, a veces como mujeres decimos: “es que somos iguales”. No, con nadie somos iguales, y hay que ser equitativos, debe de haber equidad para poder ayudarnos, tanto hombres como mujeres ayudarnos. Porque a veces como mujeres nos quejamos y decimos: es que el hombre es maltratador, que el hombre golpea, que es violento; pero lo que a mí me gusta de aquí es que podemos ser equitativos y podemos ayudarnos hombres y mujeres. El feminismo comunitario es trabajar en equipo todos: hombres, mujeres, niños, adolescentes, y enseñarles a los niños no cómo tienen que ser, sino cómo tienen que hacer; que son cosas diferentes, porque cómo quieres hacer, pues la decisión está en ellos, pero nosotras vamos haciendo nuestra chambita de trabajar con ellos. El feminismo comunitario es trabajar en equipo, rescatar lo que tenemos, rescatar lo que nos han enseñado nuestras abuelas. Por ejemplo, como tlapanecas, tenemos muchas tradiciones; ya nadie usa nuestro vestuario, y eso es algo que yo quisiera: volver a usar nuestro vestido.

Tranquilina: Para mí el feminismo comunitario es un espacio donde nos encontramos nosotras las mujeres y hablamos de lo que nosotras vivimos, o sea, es un espacio donde te desahogas, donde en realidad te escuchan y compartes sentimientos, compartes emociones, sientes. Por ejemplo, con otras mujeres que hemos participado me he dado cuenta que tenemos tantas cosas que no las podemos sacar en la casa, porque siempre estamos metidas en la casa, o tenemos otras cosas que hacer, pero nunca hablamos de que “mira, necesito esto”, “me siento mal”, “me está pasando esto”; entonces como que no hay esos espacios, y en este feminismo sí, porque nos escuchamos, hablamos de ¿cómo estás?, ¿cómo está tu corazón?, ¿te sientes bien o qué está pasando?, y pues éste es un espacio de abrir nuestro sentir, de abrir nuestro corazón y saber que no estamos solas, porque somos de diferentes regiones y todas vivimos diferentes momentos, pero saber que existen otras compañeras y que salen adelante, eso te da ánimo también. “Ah, bueno, te está pasando eso, pero ánimo”; y cuando se va sabiendo eso te das cuenta que no sólo tú sufres y entonces puedes ver de otro modo: “ah entonces yo también le puedo echar ganas, porque hemos escuchado historias mucho más fuertes, y sí duele”. Para mí el feminismo comunitario es como hermanarnos, y siempre nos decimos “hermanas”; no es porque estamos en contra de los hombres, sino caminar juntos, ni más ni menos, sino caminar juntos hombro con hombro. Eso es el camino, porque siempre nos han dicho: “es que son feministas, feminazis”, así como un concepto malo, pero nosotras somos feministas comunitarias y no estamos en contra de los hombres, al contrario, debemos estar hermanadas con ellos, porque así es la razón de la vida, solas las mujeres, no; solos los hombres, tampoco, y así tanto ellos como nosotras tenemos que caminar hombro con hombro y enseñarles a los jóvenes, a los hijos, a los nietos, a los que vienen. Para mí eso es el feminismo comunitario, es un espacio de escuchar.

Lina.: Parece que hay una dimensión emocional y afectiva muy importante en la manera como ustedes valoran o construyen estos espacios del feminismo comunitario.

T.: Sí, acá en la montaña la mayoría nos hemos visto como calladas; cuando nos encontramos con las del centro y la costa, son más abiertas, pero también tiene que ver con nuestro contexto, porque aquí en la montaña todavía hay mucho de “no hagas esto, no hagas lo otro”; pero por ejemplo las de la Costa, pues ya son un poco más liberadas, entonces ellas son así, pero eso no quiere decir que ellas van avanzadas y nosotras atrasadas, sino que cada una en como es su contexto va agarrando la onda, y eso nos hace hermanarnos, porque de alguna forma ellas también viven violencia, el hecho de que se defiendan y todo, pero también son mujeres y viven violencia, viven maltrato y es complicado, pero cuando estamos juntas decimos: “¡sí podemos!”. Entonces es así como está la situación, sí es complicado, pero cuando ya estamos todas juntas decimos “sí podemos”, desde donde estamos ¡sí podemos!, y tenemos que seguir en esto de continuarnos escuchando.

L.: En la propuesta de Julieta Paredes y en lo que ustedes mencionaban en el encuentro se daba una importancia grande a que las mujeres somos la mitad de todo. En esta región hay sistemas comunitarios hace muchísimo tiempo y las mujeres siempre han estado como parte de los sistemas comunitarios; ha habido mujeres líderes en estos sistemas. ¿Qué es lo que desde el feminismo comunitario plantean, reconociendo esa historia pero al mismo tiempo construyendo otra?, ¿sería la mirada de alguna manera distinta desde el feminismo comunitario?

C.: Sí es cierto, se ha dado la participación de las mujeres, pero una o dos; los hombres las callan, y cuando una mujer oye que están hablando mal de ella, se cohíbe de seguir asistiendo. ¿Cómo hacerle para que varias mujeres asistan? allí entra el trabajo de platicar con los hombres; las que estamos viviendo el feminismo comunitario tenemos que platicar con nuestros hermanos, con nuestros papás, con nuestros tíos. La familia misma dice: “hija, pero es que no te van a dejar participar allá, yo solito no puedo defenderte”. Claro, pero somos varias y entonces lo que nosotras hacemos es estar trabajando en casa, hacer otra actividad como pomadas y así, y platicamos con las mujeres cómo no debemos dejarnos violentar, somos demasiado inteligentes, que debemos buscar diferentes maneras de caminar, y ya pueden participar sin miedo, y es esa parte lo que estamos trabajando, ir haciendo cosas sin crear conflicto, y eso es también lo que está haciendo Acatlán.2 Hemos empezado de casa, creciendo poco a poco; antes era yo solita, y ahorita en el pueblo las que fueron y las que se quedaron… ya somos unas muchitas.

Recorriendo los pasos

Al recordar el camino andado, ellas hacen un balance de compañeras que han impulsado y momentos importantes de su historia.

T.: Esta historia ha sido también mucho aporte, mucha ayuda de las compañeras del Centro Ecuménico (ce), porque para empezar no había financiamiento; mucho antes ha sido el CE, que buscaba recursos y nos organizaba: “a ver, compañeras de la montaña, vamos a asistir a un taller; o qué les parece, lo hacemos en la cami”,3 y así nos íbamos organizando: que van a venir compañeras del Centro, compañeras de Costa. Como ellas están muy metidas en organizaciones comunitarias, ellas van buscando mujeres que han estado al frente de una lucha, y también las compas del ce han metido eso de que no hay que juzgar, de que hay que escucharnos, porque todas hemos sido mujeres, todas hemos sido discriminadas y todas esas cosas sobre el cuerpo de la mujer recaen.

Sobre todo, para nosotras ha sido muy importante lo que nos ha enseñado Julieta Paredes; ella es nuestra inspiración en nuestro caminar, porque a través de ella se ha visto eso; lo que ella dice aquí lo hacemos, sólo que quizá no le hemos dado el nombre así de feminismo comunitario, porque las luchas de las mujeres ya estaban, y Julieta Paredes vino a decirnos: “¡ustedes ya lo están haciendo, síganlo haciendo!”, y por eso seguimos ese camino; entonces nada más nos faltaba que alguien nos viniera a decir que era algo que ya estábamos haciendo.

L.: ¿Cómo se lee en las comunidades esto del feminismo comunitario? Porque al mismo tiempo que decían que lo de Julieta les ha dado fuerza, cuando ha ido a las comunidades como Cruz Grande o Ayutla también algunas personas lo leyeron como amenaza, o como algo que puede ser muy confrontador. ¿Cómo se mueven en esa tensión?

T.: Muchos dicen y nos han dicho: “¿por qué feminismo? ¿Por qué no se ponen mujeres en lucha? Porque feminismo suena muy feo, muy en contra de los hombres”. Y ellos se espantaron por el nombre, se asustan, pero lo que les decimos es que nosotras no es que queramos acabar con los hombres, sino que al contrario, nosotras vemos que los hombres son muy importantes, y entonces nosotras no podemos vivir sin los hombres y los hombres no pueden vivir sin las mujeres, y en esto del feminismo no vamos en contra de ellos, y algunos, no todos, se espantan y dicen: “¿por qué no se cambian de nombre?” Y nosotras decimos que feminismo es el nombre, pero también eso de las luchas de las mujeres han sido desde antes y en todas las comunidades ha sido muy difícil que una mujer pueda estar ahí tomando decisiones, porque siempre es atacada, a veces por las mismas mujeres, que si una madre soltera asiste a las asambleas y le dan un cargo, entonces ellas mismas están ahí chismeando que no va hacer nada en la comisaría sino que se va a poner de alegre, que se va a poner de amante con los que están ahí. Eso es muy fuerte, cómo nosotras las mujeres clasificamos a las otras, y es un reto en la comunidad porque no es fácil, pero siempre es empezarle así poquito a poquito.

L.: Ustedes están en un espacio en el que por un lado son miradas con reserva en el ámbito comunitario y al mismo tiempo, desde otros feminismos, también han sentido cuestionadas…

C.: Sí, algunas personas nos dicen que por qué trabajamos de esa manera, o por qué trabajamos en equidad o con los varones. Pero… ¿quiénes hacen violentos a los hombres? , si yo no dejo que él participe, que también en su momento ante una falta que haga mi hija, yo le llamo la atención, pero él también tiene que hacerlo. Si yo no le dejo participar, entonces yo estoy también quitándole un derecho. Se trata de darnos el permiso nosotras mismas de que también la otra persona tiene que apoyar en esa parte. Pero nos llegó esa duda a nosotras de pensar: ¿lo estamos haciendo muy mal? Lo conversamos con las compañeras y nos decían: no están haciendo mal, están haciendo bien su trabajo, están haciendo bien su caminar, solamente que ellas (otras organizaciones feministas), como tienen algo más fundamentado, más organizado, y como las acompañamos en las marchas en Chilpancingo, tomaron una parte, pero no toda la esencia de lo que somos. Si tomas una parte nada más de lo que es feminismo comunitario, no estás trabajando con feminismo comunitario, porque en realidad solamente tomaste lo que te interesaba, y al tomar lo que te interesaba haces quedar mal al otro, porque parece que es lo mismo, pero no es así, porque nosotras lo hacemos incluyente también de los hombres este caminar. Si nuestros padres fueron violentos con nosotras, no hay que dejar que nuestros maridos sean violentos contra nosotras, sino buscar esa manera de cómo podemos trabajar. Hay una parte que nos gusta del feminismo comunitario y es que nos enseñan a ser buenos seres humanos.

Los diálogos y desencuentros con otros feminismos

Feminismo es la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier etapa de la historia que se haya rebelado ante el patriarcado que la oprime. Esta definición nos permite reconocernos hijas y nietas de nuestras propias tatarabuelas aymaras, quechuas y guaraníes rebeldes y antipatriarcales. También nos ubica como hermanas de otras feministas en el mundo y nos posiciona políticamente frente al feminismo hegemónico occidental.

Julieta Paredes y la Comunidad de Mujeres Creando Comunidad (2014:76)

Julieta Paredes hace cuestionamientos fuertes al feminismo liberal y plantea una ruptura epistemológica entre dicho feminismo y el feminismo comunitario. El segundo capítulo de Hilando fino señala una serie de diferencias con el feminismo occidental, apelando al par complementario del feminismo comunitario.

En occidente el feminismo les significó a las mujeres posicionarse como individuos ante los hombres. Nos estamos refiriendo a las dos grandes vertientes del feminismo, el de la igualdad y el de la diferencia; es decir, mujer igual que el hombre, o mujer diferente del hombre, pero esto no se puede entender dentro de nuestras formas de vida aquí en Bolivia, con fuertes concepciones comunitarias, por eso hemos planteado corno feministas bolivianas hacer nuestro propio feminismo, pensarnos a partir de la realidad en la que vivimos. No queremos pensarnos frente a los hombres, sino pensarnos mujeres y hombres en relación con la comunidad.

Julieta Paredes y la Comunidad de Mujeres Creando Comunidad (2014:79)

L.: Ustedes han hablado de las rutas, de los diálogos, las tensiones. ¿En qué cosas coincidirían con otros feminismos y en que se diferenciarían? Para el feminismo comunitario es muy importante trabajar de la mano con los hombres. ¿En qué otros temas coinciden con otros feminismos?

C.: En que las mujeres deben ser respetadas, en eso coincidimos con ella; que no debe haber eso de que las niñas son violadas o son asesinadas, en eso sí estamos al cien en el apoyo a las mujeres. Nosotras estamos con ellas en seguir apoyando, pero no en insultos, aunque a veces se necesita alguno. Yo creo que coincidimos en la lucha de las mujeres.

Nosotras empezamos no sabiendo hacer las cosas, sino poco a poquito, pero otras feministas nos cuestionaban o nos hacían el feo, y ahí fue cuando nosotras como compañeras dijimos: “ah, pues pasó esto”, y desde entonces decidimos que lo que se hace en el feminismo comunitario que no se publique tanto, porque otras feministas empezaron a utilizar nuestro trabajo y después pidieron entrevistas, querían publicar un libro, pero no compartían nuestras ideas. Nuestra lucha es desde la comunidad, como nosotras estamos viviendo, y ese es un camino que tenemos que recorrer porque es un camino largo. Tal vez en nuestras comunidades de donde venimos no se habla de tu sexualidad, de tu cuerpo, eso está escondido, y entonces es ahí donde complica, ya sea en las comunidades me´phaa o tu´un savi, que de tu salud sexual no se habla, de tu cuerpo no se habla, eso no lo digas, y entonces por esa parte es un reto que tenemos que seguir porque eso está oculto, cuando se tiene que hablar de su cuerpo, porque desde ahí empieza como educamos a los niños y a las niñas, como se tienen que ver ellos, porque los niños pueden hacer cosas, lavar, hacer todo, y las niñas también. Quizás no somos iguales en la fuerza física, pero podemos hacer otras cosas y entonces ir enseñando a los niños, cambiando eso de que tú eres niña sólo vas a jugar con las muñecas y tú eres niño sólo vas a jugar carritos. Estamos pensando, estamos trabajando en todo eso desde una educación diferente, pero como un proceso, es un camino largo todavía y vamos aprendiendo como dicen las compañeras, aprender a aprender.

¿El feminismo comunitario implica ser parte de una comunidad?

L.: ¿Se puede ser feminista comunitaria sin vivir en una comunidad?

C.: Sí se puede ser feminista comunitaria sin vivir en una comunidad, porque por ejemplo aquí somos una comunidad, no nada más por vivir en un pueblo o población chiquita no quiere decir que por eso no podamos ser feministas, sí podemos ser feministas comunitarias sin estar viviendo en un pueblo, y varias son feministas comunitarias sin estar viviendo en un pueblo o en un rancho.

L.: Entonces no está definido exclusivamente por ser parte de una comunidad o de un sistema comunitario.

T.: Para nosotras puede ser feminista comunitaria una compañera que tiene un cargo y está haciendo un trabajo, está viviendo ella un momento de hacer servicio, cargos comunitarios y para nosotras si es mujer, es feminista comunitaria, y sería acercarnos a ella a darle el valor que ya lo tiene y que lo tiene que seguir haciendo, porque eso es lo que nosotras hemos estado viendo y eso de feminismo comunitario como que lo tomamos, pero en realidad ya estábamos haciendo cosas, ya estamos haciendo cosas, quizás no lo nombramos tal cual, pero cuando llegó eso del feminismo comunitario como que en ese lugar encajamos, “de aquí somos”, dijimos. Y para muchas mujeres que son de la comunidad, están haciendo cosas que quizás ellas todavía no tienen cómo nombrarlo, pero ellas dicen: “no, pues estoy en la lucha”. Entonces para nosotras es amplio, no es sólo porque estás aquí, sólo porque haces servicio, sino que el feminismo se vive en cualquier lugar donde puedas estar y la lucha, ¿pues que te digo?, es así como muy complicado en las comunidades, pero es un seguimiento. Por ejemplo, en Pascala (una comunidad), la partera que fue, ella dice “yo no he asistido en muchos talleres de esto, pero me gustó y voy a seguir asistiendo”, pero ella ya se identificó: “soy de aquí; estoy haciendo cosas en la comunidad, sólo que no lo veía pero no soy yo sola allá en Pascala, sino que muchas mujeres se reúnen y hablan de otras cosas”. Se identificaba mucho porque vio que había otra señora que dijo que también vivía violencia, y esa parte le gustó, que se hablara de eso entonces es eso lo que el feminismo te va acercando, te va diciendo: “Ah si es cierto esto es lo que yo vivo, esto es lo que pasa y antes no me defendía y creo que soy de aquí”. Pero ahorita pues vino ella, pero en Pascala hay muchas mujeres que las he invitado y no han podido venir, son parteras, son curanderas y así muchas mujeres en las comunidades que son curanderas, y que no se han dado cuenta de dónde son, quizás, o que aún no están en una organización, pero en mi comunidad así estamos identificándonos con ellas, y para nosotras eso es feminismo comunitario, aunque no se llamen así. Y pues eso es parte de nuestro caminar, que siempre decimos que las mujeres somos la mitad de cada pueblo y que estamos entretejiéndonos en cada comunidad.

L.: ¿Qué es lo que ustedes sienten que hizo “clic” de algo construido desde una realidad como la boliviana o la andina con ésta de aquí? ¿En dónde se encontraron dos entornos tan distintos, dos regiones, dos historias?

T.: Yo creo que hicimos “clic” porque ambos países somos como pueblos originarios y cada pueblo originario sí tiene su cultura, su forma de ver las cosas, en el caso de nosotros los me´phaa vemos al mundo pero no como una cosa, no como un objeto, sino como otra persona que nos cuida y nos protege, porque así lo vemos nuestro cerro, que vamos pidiendo la lluvia, nosotros le decimos el Tata Bengo, y para nosotras no son cerros o piedras que vamos a irles a rezar, sino que es alguien, es como una persona que está allí y que le llevamos ofrendas y le pedimos que nos cuiden, que nos proteja que no lleguen malas lluvias, sentimos que nos escucha y él nos va a proteger, y entonces no lo vemos como un objeto; si veo tierra, grava o madera, la voy a vender, pero esto es algo que nos cuida, nos da de comer, nos protege, y eso es lo que vemos nosotras. Entonces escuchar la boliviana que ella habla mucho de Aymara, habla mucho de Abya Yala y es algo que ellos también desde su cultura, desde su raíz, han venido cuidando, tratando a sus cerros y a sus aguas, entonces la forma en que ellos van viviendo, cuidando, porque también han vivido una amenaza de minería, de defensa del territorio, todo eso también ellas lo han vivido y también nosotras, entonces eso es algo que es cierto, tenemos que defenderlo. Ellos ya están y las mujeres ya están, lo han logrado, y nosotras aquí también sí hemos estado (en la defensa del territorio) pero no lo hemos visto de esa forma, y es algo que nos atrajo: hay que juntarnos, somos iguales, encajamos, hay que ser hermanas.

El cuerpo-territorio

L.: Otra de las cosas que ustedes trabajan y mencionan mucho es la idea de cuerpo territorio. ¿Cómo lo imaginan? ¿Cómo lo construyen?

T.: Por ejemplo, lo que a mí me ha quedado es nuestro cuerpo como mujeres, cómo vemos las cosas, porque algo que nos han enseñado también es mirar a la madre tierra, el agua, el aire, el fuego, todo eso y desde ahí partimos nosotras también. Y que nosotras también en nuestro cuerpo hay cosas que se siembran y cosechamos cuando damos a luz a los bebés, pero también a través de nuestros cuerpos que han sido violados, discriminados, maltratados, asesinados, muchas cosas pasan por nuestro cuerpo y todo eso está ahí como amontonado, de alguna forma son utilizados nuestros cuerpos como mujeres y más si eres indígena, y eso es lo que nos ha abierto los ojos, lo que habla Julieta Paredes, que nosotras en nuestro cuerpo tenemos muchas cosas, y que somos importantes y por tanto tenemos que verlos para seguir sembrando, pero ahora desde conocer todo eso que estamos viviendo, seguir con nuestro cuerpo a sembrar cosas diferentes, a dar cosas diferentes, pero siempre haciendo conciencia que es algo muy complicado pero no es imposible, porque ése es nuestro caminar. Y nosotras dijimos, ah, sí es cierto, nosotras vimos a nuestras abuelas y mamás que vivieron todo eso, pero nosotras podemos ir cambiando eso, porque tenemos derechos, porque somos mujeres y tenemos que seguir disfrutando y ver esa parte de nuestro cuerpo de forma diferente, que damos vida, y eso nos llama (del feminismo comunitario) porque das vida, y el hombre siembra una semilla en ti pero quien la cultiva eres tú, quien la cuida y la hace nacer y crecer eres tú. Entonces, eso es algo que te llama, te conecta. Pero no lo habíamos visto así porque pensamos que las mujeres se hicieron para parir hijos, así nomás, como una cosa, ¡pero no! Julieta nos hizo ver muchas de esas cosas y de alguna forma, algunas de nuestras abuelas sí sabían eso pero no lo han defendido tal cual. Pero ellas ya lo tenían, y a veces cuando regresamos, hacemos entrevistas con las parteras y eso decimos, “ah pues es que ya está aquí”, y pues no lo habíamos visto, y eso es también la memoria de nuestras ancestras, porque en ellas está el conocimiento y eso que está guardado, que no se ha salido o no se ha escrito como hacen ellas, como Julieta hace allá con las feministas, pues ellas ya escriben libros y hacen muchas cosas. Nosotras no, pero lo tenemos allí resguardado en la memoria todo lo que hacemos, sólo que está resguardado y como que nos prendieron esa luz para cómo ir buscando qué está en nuestras memorias tanto tu´un savi, me´phaa que es lo que tenemos, y si hay muchas que tenemos que no se han salido, que no se han escrito. También vimos las mujeres de luchas importantes, las biografías, y hay muchas biografías de mujeres que han luchado y que casi no se dicen; están ahí pero no se ven, ¿y por qué los hombres sí y las mujeres no? Entonces también nosotras tenemos que darle su lugar a ellas, pero como no nos hemos metido a buscar estas cosas, estas memorias es como que están ocultas, pero decimos, hay que seguir, hay que buscar, porque sí hay, y también un ejercicio de que todas nos grabamos y hacemos un ejercicio que yo le hago la entrevista y voy a escribir la vida de ella y ella la mía, y ya hacemos una biografía, porque todas somos importantes. Y eso es lo que nos ha hecho hablar de eso de nuestro cuerpo, nuestra memoria, nuestros territorios que hacemos y que en nuestro territorio hay muchos sistemas y estamos englobadas allí, porque nada está separado, todas estamos metidas en casi todos los sistemas, porque nuestro sistema no es estático, sino que está en constante movimiento. Se va transformando y así nos vamos formando nosotras, y eso es lo que a mí me quedó y pues sí, por eso digo, “es que soy de aquí, es que aquí me conecté”.

L.: ¿Cómo es la relación que ustedes están construyendo entre los saberes de las abuelas y y el feminismo comunitario? Parece que no tiene nada que ver, pero eso es una relación que ustedes están construyendo

T.: Sí, nosotras somos del feminismo comunitario pero de Guerrero, del tejido de Guerrero, estamos trabajando en colectivo, nosotras estamos trabajando bien porque estamos en apoyo a los demás, no hacemos libros o vamos a entrevistar a mengano perengano, estamos aprendiendo, no somos redactoras o escritoras, pero hacemos lo que podemos, y en la boletina que sacamos las mujeres se expresan como pueden.

C.: Sí, es su forma de expresarse de ellas y no cambiamos lo que ellas dicen, nosotras no podemos ir cambiando lo que ellas dicen. Las que tenemos 30 a 35 no es lo mismo que la generación que tiene 40 o más. O lo mismo las de 25, cada generación es diferente, y tenemos que respetar esos procesos. A veces voy a las escuelas y les digo: oigan, yo les regalo un taller para sus niños, y algunos directores me mandan a volar, pero yo digo: algún día me llamarán. Y hace poco fui a Tierra Colorada a dar un taller que yo quería dar en la escuela de mi hija y me mandaron a volar, y lo di en otra escuela, y los niños estaban preguntando que cuándo volvía para seguir trabajando, que les gustó platicar de otros temas, los libros. Y yo les decía a los maestros que por qué no toman ellos también un taller.

T.: Así vamos, somos varias, tenemos compañeras de Oaxaca de las que son del feminismo comunitario y hay videos; también en 2015 en Oaxaca igual estuvo Julieta, hicimos esa actividad y allí estuvimos, así me acorde y dije: ¿cuándo voy a volver a Oaxaca?

C.: Sí, vamos aprendiendo entre todas. Por ejemplo hicimos un video para Semillas de qué es feminismo comunitario,4 para qué es, y ahora vemos los resultados de que las mujeres aprendamos a vernos primero a nosotras. Aprende a cuidarte a ti misma, aprende a cuidar tu salud y ésa es la parte que cuando empezamos los talleres siempre se los decimos: “quiéranse a ustedes mismos porque si ustedes no se cuidan quiere decir que no quieren a las personas que están alrededor.”

Debemos sanar nuestras heridas, que son difíciles, claro que sí, nos dejan cicatrices, siempre nos dejan cicatrices, pero volteas a verlo y dices: son recuerdos que te quedan, pero ya no los vuelves a hacer así sino de otra manera, y eso es parte de lo que yo platico con las mujeres en mi pueblo y se acercan ellas solitas a platicar también. Se necesita sanar esas heridas, pero para que una pueda ayudar a sanar esas heridas necesitamos ese espacio para nosotras mismas, y eso es lo que tenemos aquí.

Con esta invitación a sanar y con muchas ideas rondando en la cabeza, cerramos nuestra conversación entre risas y agradecimientos. Ecos, resonancias y un llamado a ampliar la escucha es parte de lo que emerge en estos diálogos, nunca acabados y siempre tan necesarios.

Bibliografía

Centro de Estudios Ecuménicos (2015, 11 de diciembre). ¿Por qué soy feminista comunitaria? (archivo de video). https://www.youtube.com/watch?v=f5HnyNkhcGI. Disponible en: https://estudiosecumenicos.org.mx/multimedia/, consultado el 15 de agosto de 2019.

Julieta Paredes y la Comunidad de Mujeres Creando Comunidad (2014). Hilando fino desde el feminismo comunitario. México: El Rebozo, Zapateándole, Lente Flotante, En cortito que’ s palargo, AliFern AC., 2ª edición.

Gasparello, Giovanna (2009). “Policía Comunitaria de Guerrero, investigación y autonomía”, Política y Cultura, núm. 32, pp. 61-78.

PhillyCAM (2018, 8 de mayo). Julieta Paredes (archivo de video). Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=f5HnyNkhcGI, consultado el 15 de agosto de 2019.

Sierra, María Teresa (2017). “Autonomías indígenas y justicia de género: las mujeres de la Policía Comunitaria frente a la seguridad, las costumbres y los derechos”, en R. Sieder (coord.), Exigiendo justicia y seguridad. Mujeres indígenas y pluralidades legales en América Latina. México: ciesas.

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